28-1-2012
EDITORIAL
Por resolución de las Naciones Unidas, se ha consagrado el 27 de enero como el Día de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
En esta misma página se publicó ayer una nota del Centro Recordatorio del Holocausto de Montevideo, de cuya lectura es posible extraer algunas conclusiones.
En primer lugar, que el pueblo judío nunca estuvo dispuesto a “dar vuelta la página” ni a perdonar a los monstruos responsables del horror. Es más: recurrió a todo lo que estaba a su alcance para dar con el paradero de los victimarios, aprehenderlos y juzgarlos; en esa lucha cuyo símbolo fue Simón Wiesenthal, jamás bajaron los brazos y lograron sensibilizar a todos los hombres de buena voluntad de todas las latitudes, que se solidarizaron con la causa porque el sentimiento de justicia es inherente al alma humana.
Los judíos tuvieron -y siguen teniendo- ojos en la nuca, no para regodearse malsanamente en un pasado especialmente doloroso, sino para mantener viva la llama de la indignación, para evitar que el paso del tiempo facilite el olvido y para que hechos como ese no se repitan nunca más, independientemente de quiénes puedan ser las víctimas y sin importar su raza, etnia, religión o compromiso político.
Cierto es que en todas las épocas ha habido episodios de violencia inaudita, masacres, genocidios; pero los extremos de sevicia a que llegó el nazismo no tienen antecedentes en la historia. La crueldad insana exhibida por el fanatismo nazi no tiene parangón.
En Uruguay y las naciones del Cono Sur americano, esa ideología de la barbarie cautivó a algunos centuriones que dieron rienda suelta a las aristas más oscuras de su personalidad en la represión más despiadada a los opositores. Los uruguayos también tenemos el derecho y la obligación moral de no olvidar nuestros padecimientos y de seguir luchando para que los crímenes cometidos al amparo del terrorismo de Estado no queden impunes. Por cierto que hemos tenido que luchar contra el ninguneo oficial de los gobiernos posdictadura y contra la cultura del olvido, del ocultamiento de la verdad y de la tergiversación de la historia reciente. Denunciar a aquellos gobernantes que fueron capaces de tener el tupé de decir que “en Uruguay no desapareció ningún niño” y que “no hubo elementos de juicio que aporten algún indicio sobre la presencia de la nuera de Gelman en Uruguay”.
Estamos de acuerdo con la iniciativa de algunos legisladores del Partido Nacional que proponen que se incluya la Shoah en los programas de historia. Bueno sería que, además, se incluyera la lucha de la comunidad judía internacional contra la impunidad de los responsables del Holocausto.
Con los ojos en la nuca
30/Ene/2012
La República, Editorial